Por qué EE. UU. llega a 2026 con baja probabilidad de recesión, según Adolfo del Cueto Aramburu

En un entorno internacional marcado por la desaceleración de algunas economías, tensiones comerciales intermitentes y una transición tecnológica acelerada, Estados Unidos vuelve a actuar como referencia para interpretar el ciclo global. 

Así lo sostiene Adolfo del Cueto Aramburu, cofundador y CEO de Bulltick, quien subraya que el consenso de mercado para 2026 parte de una idea central: EE. UU. funciona como “ancla” del crecimiento gracias a un equilibrio relativamente robusto entre PIB, consumo, inversión y expectativas de aterrizaje suave.

La clave no es “euforia”, sino una lectura pragmática del escenario macro. “Cuando EE.UU. mantiene tracción, la narrativa global se ordena: el comercio se estabiliza, el apetito por riesgo se reequilibra y la planificación corporativa encuentra un suelo más predecible”, explican desde el marco de análisis de un informe elaborado por ellos mismos. 

Cuenta con un crecimiento proyectado alrededor del 2,3% y un riesgo de recesión evaluado como bajo a moderado por distintas casas de análisis. Por eso, la economía estadounidense aparece como el principal punto de apoyo para empresas e inversores que toman decisiones a escala internacional. 

Por qué EE. UU. llega fuerte a 2026

Resiliencia frente a la desaceleración global

Una de las señales más relevantes de cara a 2026 es la capacidad de EE. UU. para sostener crecimiento en un contexto global menos homogéneo. 

Muchos bloques lidian con ajustes industriales, normalización monetaria o presiones sobre demanda interna. Sin embargo, el ciclo estadounidense muestra una resiliencia que descansa en: la combinación de consumo relativamente estable; un mercado laboral que —aunque se enfría— no se deteriora de forma abrupta en el escenario base; y una inversión privada que encuentra soporte en la transformación tecnológica.

Parte del argumento del “ancla” se apoya en un hecho simple: incluso con volatilidad, Estados Unidos sigue marcando el ritmo de los flujos financieros globales, las expectativas de tipos y el comportamiento de los activos de riesgo. 

En su análisis, Del Cueto insiste en que, para 2026, el foco no está en adivinar titulares, sino en entender el equilibrio entre fuerzas de contención (tipos reales, inflación, fricción geopolítica) y fuerzas de impulso (demanda interna e inversión productiva).

Crecimiento proyectado (≈2,3%)

Los escenarios más citados por el mercado se mueven en una franja de crecimiento moderado. Diversas encuestas y previsiones sitúan el avance del PIB de EE. UU. en 2026 alrededor del 2,2%, con revisiones que, en algunos casos, apuntan ligeramente por encima, dependiendo de hipótesis fiscales y de productividad.

En paralelo, firmas como Goldman Sachs plantean un escenario de crecimiento algo más dinámico en su métrica interanual y, sobre todo, un mensaje que el mercado ha interiorizado: la probabilidad de recesión a 12 meses habría descendido frente a tramos anteriores del ciclo. 

Los pilares: consumo e inversión

Consumo privado como motor principal

El primer soporte del escenario estadounidense sigue siendo el consumo privado, que concentra una buena parte de la actividad y actúa como estabilizador cuando la economía global pierde sincronía. Aun con presión de precios en algunos componentes y un mercado laboral que se normaliza tras los excesos de los últimos años, el consumo mantiene un papel central en la lectura de 2026: no tanto por aceleración, sino por persistencia.

“La pregunta clave no es si el consumo va a brillar, sino si va a aguantar”, señalan analistas del mercado. Desde Bulltick, el enfoque es claro: mientras la demanda interna evite un ajuste brusco, el escenario base de recesión pierde fuerza. Y eso, a su vez, ayuda a que empresas con exposición internacional puedan planificar inventarios, inversiones y contratación con un marco menos errático.

IA e inversión tecnológica: productividad como soporte

El segundo pilar es la inversión vinculada a inteligencia artificial, automatización y modernización tecnológica. Más allá del impacto bursátil de los últimos años, el debate de 2026 se centra en una cuestión estructural: si la IA y el gasto tecnológico se traducen en productividad y, por tanto, en crecimiento más sostenible.

El argumento es que la inversión tecnológica no solo impulsa resultados de compañías específicas. Además, puede elevar el potencial de la economía al mejorar la eficiencia operativa, optimizar cadenas de suministro y acelerar la innovación aplicada a sectores tradicionales. El consumo y el capex ligado a IA pueden sostener un crecimiento moderado, con escenarios alternativos que van desde una sorpresa positiva por productividad hasta una desaceleración más marcada. 

Sin embargo, Del Cueto matiza: “la IA no elimina el ciclo, pero sí puede cambiar su pendiente”. Es decir, no borra los riesgos macro, pero puede suavizar algunos shocks si la inversión se consolida y se distribuye más allá de un puñado de sectores.

Riesgos reales (sin alarmismo)

Qué puede descarrilar el escenario

Que el mercado perciba una probabilidad baja o moderada de recesión no implica ausencia de riesgos. Entre los factores que podrían deteriorar el escenario destacan:

  • Un ajuste más rápido del empleo (si la contratación se frena y el consumo se resiente).
  • Persistencia de inflación en componentes sensibles, complicando el camino de los tipos de interés.
  • Un shock de confianza derivado de la incertidumbre política o comercial.
  • Concentración del crecimiento en pocas palancas (por ejemplo, que el impulso tecnológico no se “filtre” al resto de la economía).

En medios económicos recientes, algunos analistas han advertido sobre la posibilidad de que una parte del crecimiento se apoye en un motor estrecho (por ejemplo, sectores tecnológicos), y de que un retroceso en ese frente afecte tanto a riqueza financiera como a gasto. 

Qué no parece probable según el marco actual

En el escenario central, lo que hoy no aparece como el desenlace más probable es una recesión profunda y desordenada. El argumento se basa en dos elementos: primero, la economía llega a 2026 sin un colapso generalizado de demanda; segundo, los indicadores de previsión más citados por el mercado han rebajado la probabilidad de recesión frente a periodos recientes. 

Esto no excluye episodios de volatilidad o trimestres de crecimiento más débil, pero sí reduce la plausibilidad de un escenario de contracción sostenida como base de trabajo. La interpretación práctica es que 2026 se entiende mejor como un año de crecimiento moderado con dispersión sectorial, donde la selección y el timing importan más que apostar por un único guion.

Cómo leer 2026 si eres empresa o inversor

Estrategia: prudencia con oportunidades selectivas

En un año donde el “ancla” estadounidense puede aportar estabilidad, la estrategia recomendada por Bulltick se resume en una idea: prudencia sin parálisis. Para empresas, esto suele traducirse en proteger márgenes, diversificar proveedores críticos y sostener inversión donde exista retorno claro (digitalización, eficiencia, automatización). Para inversores, en evaluar carteras bajo escenarios realistas de tipos y crecimiento, sin sobreponderar narrativas temporales.

Del Cueto considera que el escenario macro de EE. UU. permite una postura de “optimismo selectivo”: identificar sectores con demanda estructural y modelos de negocio resistentes al coste del capital. En este punto, la inversión tecnológica vuelve a aparecer como vector relevante, pero siempre con foco en calidad, caja y sostenibilidad de ingresos.

Evitar decisiones por titulares

La recomendación final es explícita: no tomar decisiones estratégicas por titulares. 2026 puede alternar semanas de euforia y correcciones bruscas por ruido político, datos puntuales o rotación sectorial. Pero si el marco base se mantiene —crecimiento alrededor del 2,3% y probabilidad de recesión contenida—, la ventaja competitiva estará en la disciplina: planificación, control de riesgos y ejecución.

“El ciclo no se lee con una frase, se lee con un conjunto de evidencias”, concluye del Cueto. En esa lectura, EE. UU. vuelve a ser el punto de referencia que ordena el tablero: no porque elimine la incertidumbre, sino porque reduce la probabilidad de los escenarios extremos que paralizan decisiones.

Sobre Adolfo del Cueto Aramburu y Bulttick

Adolfo del Cueto Aramburu es cofundador y CEO de Bulltick, con una trayectoria vinculada a mercados de capitales y gestión patrimonial.

Bulltick es una firma internacional de servicios financieros y patrimoniales, de propiedad mayoritariamente de empleados y con más de dos décadas de operación. A través de sus entidades en EE. UU., opera con registro regulatorio como broker-dealer y asesor de inversiones en el marco correspondiente. 

Author: comunicados